La baraja de Almagro
De la chimenea al monumento nacional: la baraja de Almagro y el renacer del corral de comedias.
English Summary: A long-standing misconception surrounds the famous Almagro playing cards. In 1990, the construction company Entrecanales y Tavora commissioned a reproduction of the cards by Naipes Comas in Barcelona, claiming they had been discovered during renovation of the Corral de Comedias at Almagro. The box suggested the find occurred during those works, a claim uncritically accepted by collectors. In fact the deck had been discovered earlier, in 1950, when the owner of the Posada de las Comedias (a former inn on the site) found a complete forty-card Spanish deck dated 1729 hidden inside an old chimney. This discovery led to the eventual restoration of the Corral de Comedias, which reopened in 1952 and was declared a national monument in 1955. The Almagro deck is one of the last examples of the so-called 'Madrid clásico' pattern, characterised by the inscription 'FECHAS EN MADRID' on the ace of coins. Despite the Bourbon reign of Philip V and Isabel Farnese, the deck still features the double-headed eagle of the Habsburgs. Anonymous, as with other known examples of this type, the deck contains forty cards, not the usual forty-eight. It is thanks to this discovery that the Corral de Comedias was recovered, and is now home to Spain's classical theatre festival.

Sota de espadas de la baraja de Almagro en cuya banderola figura el año de 1729.
Acerca de la popular –más que conocida y estudiada– baraja de Almagro persiste un equívoco que se ha mantenido desde que, durante los años noventa del pasado siglo, la empresa Entrecanales y Tavora, S.A. realizase unas obras de rehabilitación en el Corral de Comedias de esta célebre localidad manchega. A raíz de esta precisa intervención dicha constructora encargó, en 1990, a la casa Comas de Barcelona una reproducción de los naipes supuestamente encontrados que, lejos de ser un “facsímil” de los mismos –como afirma, entre alguna que otra incongruencia, la caja contenedora–, hacían poca o ninguna justicia a los parcialmente deteriorados originales al tratarse de una adaptación comercial a las barajas estándar al uso. Este hecho, apoyado por la información proporcionada por la mencionada caja, daba a entender, de forma expresamente ambigua, que los naipes habían sido encontrados durante las referidas obras, afirmación que, sin motivo para cuestionarla, fue dada por cierta y verdadera entre los coleccionistas y aficionados que tuvieron acceso a esta desacertada reproducción de limitado alcance en el momento de su primera edición como soporte publicitario de la constructora. Cabe añadir que en el Museo del Teatro almagreño, donde se exhibe la baraja, nunca se mostró la original y que incluso hoy, una vez restaurada, lo que se expone es una copia de la misma, sin que nadie nos haya dado razón de dónde se encuentra la auténtica.
Volviendo a los hechos, lo cierto es que la baraja no sólo había sido descubierta mucho antes, exactamente en 1950, sino que fue precisamente su hallazgo lo que propició el redescubrimiento del antiguo corral de comedias e impulsó, asimismo, su recuperación.
Acerca de estos espacios de escénicos, sabemos que los corrales de comedias se crearon a principios del siglo XVII, con el encomiable propósito de proporcionar, en su origen, un sano esparcimiento a una población que, sin distinción de sexos ni clases, gustaba de presenciar y disfrutar las representaciones de lo más granado de la dramaturgia propia del Siglo de Oro, donde no faltaban los dramas, comedias y sainetes de, entre otros muchos, Calderón de la Barca, Lope de Vega, Tirso de Molina o Miguel de Cervantes.
Ilustración que muestra la distribución convencional de un corral de comedias semejante al de Almagro.
Azulejo alusivo al establecimiento del primitivo corral de comedias, con un error en la numeración de los siglos que deberían ser XVII y XVIII.
Arriba, estado en el que se encontraba el corral de comedias. Abajo, el mismo espacio tras su restauración en 1952.
En 1628, Leonardo de Oviedo, presbítero de la iglesia de San Bartolomé el Viejo, hoy desaparecida, solicitó permiso al Ayuntamiento de Almagro para levantar un corral de comedias en el patio del Mesón del Toro y alguna que otra propiedad adyacente para lo cual, y concedida la correspondiente autorización municipal, invirtió la cantidad de 5.000 ducados, lo que suponía una auténtica fortuna para la época, ocupando el teatro una superficie de 622 metros cuadrados, algo más del doble de lo que se conserva en la actualidad. La primera representación de la que se tiene noticia tuvo lugar en 1629, a cargo de la compañía de Juan Martínez, una de las doce llamadas real o “de título”, es decir, que estaban autorizadas por el Consejo de Castilla.
Todo esto terminó de mala manera con la llegada a España de la italiana Isabel Farnesio y su posterior enlace matrimonial, en 1714, con Felipe V quien había enviudado recientemente de su primera esposa María Luisa Gabriela de Saboya. Dada la abulia del rey, que llegó incluso a abdicar para no tener que cargar con los engorrosos asuntos pertinentes al gobierno del Reino, la Farnesio, amargada y bastante “borde”, pudo aplicarse activamente a sus pasatiempos favoritos, tales como mangonear, manipular, intrigar y conspirar; mientras que mostraba una decidida fobia a todo lo que fuera diversión y esparcimiento, sobre todo si era ajeno, por lo que dio en prohibir dos actividades estrechamente relacionadas con el tema que aquí estamos tratando, como fueron los corrales de comedias y los juegos de naipes, y si bien en esto último tuvo un éxito relativo, en lo concerniente a los corrales de comedias la prohibición hizo que su decadencia fuera paulatinamente en aumento, cerrándose el de Almagro a finales del siglo XVIII.
Este espacio lúdico retornó a su primitiva ocupación mesonera con el nombre de Mesón de la Fruta, conociéndose desde mediados del siglo XIX como la Posada de las Comedias, quizás por un distante recuerdo de lo que en un tiempo fue lugar de ocioso recreo.
Y llegamos ya al meollo del asunto, que desmiente lo declarado en la caja a la que ya hemos hecho referencia. En 1950, el dueño de la Posada de las Comedias, mientras realizaba unas obras de ampliación de su establecimiento, encontró, ahora sí, en el hueco de una vieja chimenea, y conservada entre la paja, una baraja española, completa de cuarenta cartas y fechada en 1729. Informado el Ayuntamiento de este inesperado descubrimiento, al que se unió el hallazgo de otros documentos pertinentes, se procedió a iniciar las obras en busca del corral de comedias perdido, mediante, en un principio, la aportación de 30.000 pesetas proporcionadas por el Gobierno a petición del gobernador civil de Ciudad Real, José María del Moral Pérez Zallas. Pronto apareció la zona del escenario prácticamente intacta, lo que impulsó a recobrar tan magnífico espacio, que se encontraba muy parcelado y en manos de distintos propietarios. Tras el consiguiente proceso de expropiación y restauración el recuperado Corral de Comedias se inauguró en 1952, declarándose monumento nacional el 4 de marzo de 1955.
Como queda dicho, la prohibición del juego de naipes, si bien tuvo un éxito más bien relativo ya que, de todas maneras, se siguió apostando en casas y garitos clandestinos, sí es cierto que pudo ser la causa de que apenas encontremos barajas impresas entre 1734 y 1780, bien entrado ya el reinado de Carlos III. La de Almagro, de 1729, es no sólo una de las últimas anteriores a este periodo, sino la postrera del modelo que representa. Este modelo, conocido como “Madrid clásico”¹, tuvo su origen a mediados del siglo XVII, siendo una baraja de 1648 la primera de la que tenemos noticia –debiendo puntualizar que no se conservan más allá de siete u ocho ejemplares de este modelo–, enfrentada comparativamente con la baraja de Almagro.
Baraja Madrid 1648
Ases y figuras de la primera baraja conocida del modelo “Madrid clásico”, fechada en 1648.
La principal característica de nuestro modelo, y a la que debe su nombre, se encuentra en el as de oros, donde se inscribe la leyenda, en dos líneas, arriba y abajo del mismo, “FECHAS EN MADRID” seguida, habitualmente, del pertinente año de publicación. También se incorpora en este naipe el escudo real con los blasones de Castilla y León, cobijado dicho emblema por el águila bicéfala de los Habsburgo hasta la llegada de los Borbones, por lo que sorprende, y mucho, que en la baraja de Almagro, en 1729 y en pleno apogeo de la Farnesio, se siga manteniendo el águila de la casa de Austria. Si comparamos las sotas con las del modelo “Franco-español”, que era el de referencia en la época, vemos como las de copas y bastos se muestran de perfil, sujetando o asiendo con la mano el símbolo correspondiente; mientras que la de espadas empuña su arma, que tiene su misma altura, con la mano izquierda, apoyándola verticalmente en el suelo, desplegándose entre la espada y las piernas una banderola con el supuesto año de edición de la baraja. Los caballos y los reyes no difieren, esencialmente, del modelo “Franco-español”
Baraja de Almagro 1729
Ases y figuras de la baraja de Almago, fechada en 1729.
Entre el dos y el cinco de espadas se suelen repartir la leyenda “CON LYCENCIA / DEL REY N. S.”, más la ineludible fecha. Esto de la fecha debía de ser asunto importante –quizás preceptivo–, ya que la misma se suele repetir en otros varios naipes como el dos de copas o los seises de espadas y bastos. Una carta importante es el tres de copas donde se estampaba la firma o sello del arrendador de la Renta de Naipes, quien se encargaba de recaudar el impuesto correspondiente para la Real Hacienda, y sin el cual ninguna baraja podía ser puesta a la venta bajo pena de arresto o severas multas (en Inglaterra, directamente, ahorcaban al infractor). En 1729 el arrendamiento estaba a cargo de Andrés Bernardo Blanco Varela, quien controlaba, entre otros, los estancos de Toledo, Madrid y Extremadura.
Ases de tres barajas del modelo “Madrid clásico” fechadas en 1648, 1705 y 1729 (Almagro)
Comparación de modelos “Franco-español” y de la baraja de Almagro
Sotas del modelo “Franco-español” (arriba) y de la baraja de Almagro (abajo).
Caballos del modelo “Franco-español” (arriba) y de la baraja de Almagro (abajo).
Reyes del modelo “Franco-español” (arriba) y de la baraja de Almagro (abajo).
Arriba, naipes alusivos a la preceptiva licencia del rey. Abajo, naipes con la fecha de edición de la baraja.
Cabe advertir que algunas de las características apuntadas ya se daban en modelos contemporáneos o precedentes, pero es el conjunto de todas ellas lo que determina la identidad de las barajas “FECHAS EN MADRID”. Por otra parte, todos los escasos ejemplares conocidos, al no conservarse la envoltura de ninguno de ellos, pueden considerarse anónimos, si bien en alguno puede aparecer alguna inicial o anagrama de difícil atribución. Todos constan, asimismo, de cuarenimages/countries/spain/almagro/comparacion-sotas.jpgta cartas, cuando lo habitual en el resto de España es que la baraja estuviera formada por cuarenta y ocho naipes.
Para finalizar, cabe reconocer, que fue gracias a esta baraja que se pudo recuperar el Corral de Comedias de Almagro que ofrece anualmente el más afamado festival escénico de España centrado en el teatro clásico.
Naipes del modelo “Madrid clásico” aparecen en el cuadro de Antonio de Pereda “Alegoría de la Vanidad” (c. 1660), conservado en el Museo de Historia del Arte de Viena. Naipes semejantes también forman parte de otras obras de Pereda, como “El sueño del caballero” o “Naturaleza muerta Vanitas”.
References
- Para más información sobre este modelo consultar LA SOTA 44, páginas 35 a 41.
Pérez González, Alberto: La baraja de Almagro, La Sota No.54, Asescoin, Madrid, October 2025, pp.43-52.
Nota: ediciones de LA SOTA se pueden pedir en el sitio web de Asescoin ►
By Alberto Pérez González
Spain • Member since December 21, 2016
I am a researcher and my primary interest lies in playing cards manufactured in Cádiz (not the 'Cádiz' type in general). I have authored several articles in the annual Asescoin magazine 'La Sota'. Among them are: “Madrid’s Playing Cards from the 17th to the 20th Century”; “New Contributions to the Study of Playing Cards in the Valencian Country”; “The Fouquets: 'Navarra pattern' in the Netherlands”; “Divided Playing Cards: Combining Ingenuity with Skill”; “Here Be Dragons: Speculations on the Evolution of the so-called 'Portuguese' Pattern”; “Playing Cards in Chile: News and Chronicles from the Viceroyalty Era”...
I have written and designed the book “Los Naipes de Cádiz” (296 pp). Additionally, I have contributed to the design, layout, and collaboration in Enrique García Martín’s book “Naipes, Arte y Fantasía” (444 pp).
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