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Cádiz Pattern playing cards

Published March 03, 2017 Updated May 08, 2026

A popular Spanish playing card pattern widely exported to Spanish-influenced markets.

SpainHeraldoCadiz-PatternSpanish Suited
View of the bay and port of Cádiz

When the Real Fabrica's export monopoly came to an end in 1811, independent card makers, particularly those of Cádiz (Andalusia), saw an opportunity to fulfil the markets. Thus, during the 19th century the Spanish Cadiz pattern evolved until it became a distinctive pattern. It was then widely exported to former Spanish colonies and Spanish speaking territories, especially Latin America, Philippines, Cuba and USA. Indeed, trade was so lucrative that foreign manufacturers also began competing in the market with their own versions of the Cadiz pattern, either copied from established Spanish brands or else closely imitating them.

As Alberto Pérez González (2015) explains, firstly, Belgian manufacturers began by actually supplying some Spanish manufacturers with cards, but later on began exporting directly. Meanwhile most leading Spanish manufacturers added a Cadiz pattern to their range. Soon manufacturers in Germany, Switzerland, Austria etc produced their own versions of the Cadiz pattern. Over time these versions of the Cadiz pattern became house patterns of local manufacturers in former Spanish influenced countries and in many instances are still being printed today.

A distinctive style of playing cards evolved which became familiar in the foreign destination countries, known as the "Cádiz" pattern or "Andalucian" type. However, most of these Cadiz pattern packs printed in Latin America today are copied from either “El Heraldo” by Segundo de Olea Aguilera or from “Los Dos Tigres” by González Risso.

SPAIN

Playing cards recovered from the saltpetre workers from Northern Chile, 1850-1940

ARGENTINA

Naipes “La Estrella” for BOLS by Igor Domicelj, Bs Aires, c.1954

ARGENTINA

Cadiz style by La Primitiva, Bs Aires c.1905

CHILE

Naipes Marca Mapocho, Santiago de Chile

SPAIN

Naipes El Heraldo, Segundo de Olea, Cádiz

SPAIN

Juan Roura, Barcelona, c.1940

SPAIN

Federico Hidalgo c.1897

MEXICO

Mexico

PERU

Litografía Fabbri, Lima, Peru

PERU

Perú

El Salvador

Naipes Cisne, El Salvador

SWITZERLAND

Müller Cádiz type pack

U.S.A

Los Leones, USA

GERMANY for Cuba

Wüst Spanish Cadiz pattern deck for export to Cuba c.1910-1920, advertising ‘Tropical’ beer

BRAZIL

‘Elephante No.50’ Cadiz pattern produced in Brazil, probably by Azevedo & Cia, Recife, c.1920

SPAIN for Peru

'El Caballo' brand (No.5-P) playing-cards manufactured in Spain by Heraclio Fournier S.A. especially for the Estanco de Naipes del Perú, c.1960

PERU

Litografía Fabbri, Lima, Peru, c.1900-20
ROLDAN & CIA tobacco insert cards, PERU c.1895

Above; miniature playing cards inset into top corners of tobacco cards for Roldan y Cia Tobacco, Lima, c.1895.

Map of Southern Spain

REFERENCES

Pérez González, Alberto: Los Naipes de Cádiz, Punto Rojo Libros, S.L., Sevilla, 2015.


ECONOMÍA Y MERCADOS DEL NAIPE GADITANO por Alberto Pérez González

Las barajas se vendían por docenas o por gruesas (doce docenas) y no era un artículo barato: una baraja –por ejemplo– del número 5 de Segundo de Olea Lepiani, que era la de más alta calidad dentro del tipo andaluz, costaba 2,33 reales; mientras que el mismo modelo ealaborado por Mariano de los Reyes Maffei salía por 2 reales, y es de suponer que todos los demás fabricantes operarían con precios semejantes.

Si nos atenemos a la equivalencia establecida para la moneda en esos años, y que se basa principalmente en las fluctuaciones del mercado inmobiliario, estas barajas costarían actualmente algo más de 1 euro; pero si consideramos las condiciones laborales y el poder adquisitivo de la época, comprobamos que esto no es exactamente así. Un jornalero, que era la clase trabajadora más abundante en el país, ganaba como máximo 6 reales por una jornada no inferior a trece horas los días que trabajaba, que no pasaban de 180 al año, con lo que, en la práctica, el jornal se le quedaba reducido a la mitad... y hay que tener en cuenta que un kilo de pan costaba algo más de 2 reales y medio. Sin llegar a estos extremos, los salarios de obreros más cualificados tampoco daban para mucho: así, un peón de albañil ganaba entre 7 y 8 reales; un oficial del mismo gremio o un carpintero no pasaban de los 14 reales diarios, y siempre considerando que las jornadas laborales no eran inferiores a once horas y que sólo se cobraban los días trabajados; lo que significa que si trasladamos esta situación a la época actual deberíamos pagar unos 4 euros por estas barajas. Curiosamente, y a pesar de las continuas inflacciones y deflacciones que sufrió la economía española durante la segunda mitad del siglo XIX, las barajas mantuvieron los mismos precios durante todo este tiempo; incluso cuando la unidad monetaria pasó de reales de vellón a pesetas en 1868, y que no fue de uso común hasta la última década del siglo.

En cuanto a la exportación de naipes desde Cádiz durante el siglo XIX, el único dato que tenemos proviene del parte oficial del periódico “La Vigía” del viernes 1 de febrero de 1850, en el que se da cuenta del embarque de 300 docenas de barajas en la goleta “Ana María”, de 108 toneladas, con destino a La Habana, sin que conste el nombre del consignatario ni ningún otro dato. Según se menciona en la publicidad de los naiperos de la época –y que ya ha quedado reflejada en las páginas correspondientes– los mercados naturales de éstos eran la isla de Cuba, Filipinas, México y las repúblicas de Centroamérica y del Pacífico; mercados que permanecieron fieles con el transcurso de los años y a los que, poco a poco, se añadirían otros.

A partir de 1902, se publica el “Boletín de la Cámara Oficial de Comercio de Cádiz” –editado por la Casa de La Sagrada Familia, con sede en la calle de la Amargura 40– en el que, mes a mes y mediante prolijos cuadros estadísticos, se da cuenta de los principales artículos exportados desde el puerto de Cádiz, incluyendo a los naipes en último lugar. Éstos se comercializaban por kilos, lo que equivalía, aproximadamente, a unas veinte barajas por unidad; siendo Cuba, sin lugar a dudas, el principal cliente de los obradores gaditanos.

En el cuadro que se muestra abajo informamos del movimiento comercial naipero durante algunos años representativos entre 1903 y 1941, citando los países de destino y las unidades exportadas a cada uno de ellos. Como se puede observar, las casillas correspondientes al año 1938 –el más duro de la Guerra Civil española– están en blanco; asimismo, el último envío de 8.380 barajas con destino a Cuba se efectúa en el primer trimestre de 1941, tras la compra de las fábricas de Segundo de Olea Aguilera y de María del Amparo González Risso por Hijos de Heraclio Fournier.

CUADRO ESTADÍSTICO de EXPORTACIÓN de BARAJAS entre 1903 y 1941 - gentileza Alberto Pérez González

Cuadro Estadístico de Exportación de Barajas desde Cadiz entre 1903 y 1941
Países 1903 1904 1906 1908 1910 1936 1937 1938 1939 1940 1941
Alemania 12.440 7.720 3.920 15.300 2.300 2.720 940
Argentina 418.860 2.100 11.880 15.420 5.860 31.440 55.960 8.900 20.600
Bélgica 46.640 1.000 1.640 5.820 7.300 10.380
Canarias 76.060 74.240 157.020 8.140 12.600 1.400 1.400
Colombia 61.620 15.000 130.840 480 198.840
Costa Rica 94.360 2.000 161.900 43.800 54.300
Cuba 5.040 150.580 6.800 553.720 215.660 40.140 8.380
Chile 900 760 233.280 25.600
Dinamarca 5.120 82.480 1.400 2.480
Estados Unidos 225.800 20.420
Filipinas 440 50.060
Gibraltar 2.900 1.440
Gran Bretaña 1.160
Holanda 560
Italia 9.300
Marruecos 66.480
México 56.880
Panamá
Uruguay
Total 715.020 257.760 556.600 1.236.700 595.380 40.140 58.680 8.900 33.320 8.380

En cuanto a la exportación, estos datos ponen de relieve la importancia de Cádiz como nodo comercial. Los destinos —Cuba, Filipinas, México y otros países de América— reflejan claramente la persistencia de las redes coloniales y poscoloniales españolas. Cuba, en particular, aparece como el principal mercado, lo que no es casual si se considera su estrecha relación económica con la metrópoli hasta finales del siglo XIX y más allá.

El cuadro estadístico añade otra capa de lectura: muestra no solo la amplitud geográfica de las exportaciones (incluyendo Europa y América), sino también cómo los acontecimientos históricos afectan directamente al comercio. El vacío de 1938, en plena Guerra Civil española, y la caída progresiva hasta 1941 reflejan claramente el impacto de los conflictos en la producción y distribución.


MEMORIA SOBRE LA FABRICACIÓN DE NAIPES

Industria é Invenciones, Tomo XXXIV, num.2, Barcelona, 14 Julio 1900.

La fabricación de naipes en Cádiz, que data de tiempos muy antiguos, está reducida en la actualidad á cuatro fábricas: dos de ellas de importancia por los elementos con que cuentan, y las otras dos más en pequeño; entre las primeras está la de D. Rodolfo Olea, que es el sucesor directo de la casa Olea, que empezó esta fabricación el año 1854, y que tan conocida es del público.

Haremos una ligera descripción de las distintas operaciones necesarias para la fabricación de los naipes. La primera materia es la cartulina, que la adquieren estos fabricantes de Barcelona, Valencia, Beceite, Albuñol ó Fenia: es de una sola hoja, y los 100 kilogramos valen en fábrica, por término medio, 16 pesetas, que con 5 de portes, cuestan, puestos en Cádiz, 21 pesetas.

El tamaño de la hoja de cartulina varía mucho, pues se pide siempre en relación con el de la platina de la máquina litográfica, que sirve para hacer los perfiles de las figuras en Cádiz ; por regla general, la hoja es de 0'47 X 0'50. lo que da 24 naipes por hoja; una de las fábricas tiene, sin embargo, una máquina cuya platina puede contener hojas de un metro en cuadro próximamente, pudiendo ser, por lo tanto, en ella la tirada de naipes doble que en las otras máquinas.

La primera operación que se practica es la tirada del perfil de la figura ó figuras de cada naipe; este perfil se obtiene en máquinas de litografía usuales, generalmente del sistema Marinoni ó Julien, que tiran de 900 á 1,000 hojas por hora; como queda dicho, los perfiles en negro del naipe se obtienen en estas máquinas quedando en blanco todos los huecos correspondientes á los colores.

COLORACIÓN DEL NAIPE - Los colores son á la aguada, empleándose anilinas, fuchinas ó minerales; la operación se hace a mano y del modo siguiente : una operaría coloca sobre la hoja de cartulina que contiene el perfil de las figuras un patrón de cartón que tiene los huecos correspondientes a uno de los colores de la figura, pasando sobre el patrón una brocha con el color encarnado, por ejemplo, si es éste el que á dicha operaría le toca dar; queda éste estampado en los huecos que en la figura le pertenecen; después pasa la hoja a otra operaría encargada de dar otro color, por ejemplo el amarillo, lo que practica lo mismo que la anterior, colocando sobre la hoja el patrón que tiene al descubierto los huecos que corresponden al color amarillo, y así sucesivamente se hace respecto á los cuatro colores de los naipes, además de los perfiles en negro, ó sean el encarnado, amarillo, azul y verde.

ESTAMPACIÓN DEL REVERSO — Después de la operación anterior, se practica la de la estampación del reverso del naipe; ésta se hace de dos modos: ó en la misma máquina que tira los perfiles, ó á mano, que es lo más usual, por medio de un molde de metal llamado vaque, que tiene la dimensión exacta de la cuarta parte de un pliego de cartulina; el operario, situado ante una mesa con tablero de mármol, moja el molde en la tinta azul ó encarnada que tiene á su mano derecha en recipientes á propósito, consistiendo el buen resultado de la operación en la habilidad del operario para no tomar ni más ni menos tinta que la indispensable cada vez para la igualdad del tono; colocado el molde sobre la hoja de cartulina, de modo que ocupe uno de los ángulos de la hoja, se le aplica un golpe de mazo, quedando estampadas las rayas del reverso en sentido diagonal; volviendo el molde sobre el mismo espacio y aplicándole nuevo golpe de mazo, quedan estampadas las rayas en sentido contrario á las primeras, resultando ei cruce de las mismas, con lo cual queda terminada la estampación del reverso.

Igual procedimiento se sigue si en lugar de rayas es otro el dibujo del reverso del naipe.

Después de la operación anterior, pasan las hojas de cartulina al secador, caldeado por medio de una estufa, y de éste á unas mesas, en las que los operarios practican la fricción para quitar á la cartulina las asperezas; esto lo hacen con una especie de rasqueta, suspendida del techo, á la que dan un movimiento de vaivén sobre la hoja, previamente colocada sobre un trozo de mármol.

Después se efectúa el corte del naipe con cizallas ó cuchillas, al propio tiempo que la separación de aquéllos, resultando los naipes de cada clase juntos para formar luego las barajas.

Seguidamente se procede al satinado ó glaseado en 'os cilindros de satinar, intercalando jaboncillo en polvo sutil entre las hojas; operación especial y que puede decirse es la que da el estilo ó tipo gaditano, tan apreciado por los jugadores de naipes, pues en el modo de usar el jabón y practicar el satinado, resulta el naipe con una tez que los hace muy sueltos y que se deslicen y desprendan unos de otros con grandísima lacilidad al barajarlos; cualidad excelente y que otros industríales que emplean distinto modo de fabricar nan imitado, pero no igualado.

Últimamente, se procede al escogido para la separación de clases, pues aunque todos los naipes son lo mismo, en cuanto á su fabricación y materiales empleados, varían según ia limpieza, igualdad y perfección en la mano de obra, dividiéndolos en 1ª, 2ª y 3ª clase, según resulta con más ó menos defectos; terminándose todas las operaciones con el empaquetado. envolviendo cada baraja en una cubierta de papel más ó menos lujosa, con la marcado fábrica y recompensas y premios obtenidos por el fabricante, con lo que los naipes quedan dispuestos para la venta.

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By Simon Wintle

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I am the founder of The World of Playing Cards (est. 1996), a website dedicated to the history, artistry and cultural significance of playing cards and tarot. Over the years I have researched various areas of the subject, acquired and traded collections and contributed as a committee member of the IPCS and graphics editor of The Playing-Card journal. Having lived in Chile, England, Wales, and now Spain, these experiences have shaped my work and passion for playing cards. Amongst my achievements is producing a limited-edition replica of a 17th-century English pack using woodblocks and stencils—a labour of love. Today, the World of Playing Cards is a global collaborative project, with my son Adam serving as the technical driving force behind its development. His innovative efforts have helped shape the site into the thriving hub it is today. You are warmly invited to become a contributor and share your enthusiasm.

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